Baela Raza Jamil, directora ejecutiva de Idara-e-Taleem-o-Aagahi (ITA)

“Oh, Alá: evita que sea inculta, quede indocumentada y resulte vulnerable: protégeme y permite que alcance todo mi potencial”.

Areeba es una rohingya que pertenece a una familia de emigrantes de Myanmar. Sus ancestros escaparon de su tierra natal cuando se la conocía como Birmania. Huyeron debido a las purgas recurrentes que sufrían al ser un grupo minoritario. Areeba nació en Karachi, cerca de un amplio humedal, junto al mar, y en las cercanías de un enorme vertedero. Fue en esta enorme zona metropolitana de Pakistán donde su familia buscó refugio.

Hasta los 11 años, no pudo matricularse en el colegio. Esto no se debió a que no hubiera escuelas en la cercanía, sino a que no ofrecían lo que su familia buscaba. Además, temían las consecuencias derivadas de su situación como inmigrantes indocumentados. Por ese motivo, entró en una madraza cercana para memorizar el Corán: un deber para todos los musulmanes y, especialmente, para las chicas antes de poder casarse. Estas son las costumbres familiares. Su prima, con apenas 20 años, es madre de seis hijos y está esperando el séptimo.

La historia de Areeba se recoge en un libro llamado “Mapping Migrations” (Las migraciones en mapas), desarrollado de forma conjunta por los niños del barrio, Bachon Say Tabdeli (Transforming through Children), Idara-e-Taleem-o-Aagahi (ITA) y el Festival de Literatura Infantil (CLF): un movimiento social que promueve el aprendizaje y el pensamiento crítico. De hecho, participar en este libro marcó la diferencia. En solo un año, Areeba pudo abandonar sus años de abandono y silencio en todo lo relacionado con su identidad y aspiraciones, así como escapar al matrimonio infantil, a diferencia de su prima.  ¿Cómo sucedió todo esto?

Areeba, al igual que otros 100 niños, vive en las calles llenas de fango de Akbar Shah Goth, junto al mar Arábigo. Como el resto de participantes, se la identificó como alumna no matriculada, pero dispuesta a formar parte de una “comunidad de aprendizaje”. Esta área cuenta con una presencia de aproximadamente 60 mil bengalís-rohingyas, que viven junto con otras comunidades de emigrantes de dentro y fuera de Pakistán. En un espacio alquilado en una primera planta, junto a una escuela de primaria gubernamental con pocos recursos, estos niños asistieron a un programa de aprendizaje acelerado. ITA pudo gestionar este centro de acogida gracias al apoyo de la Karachi Youth Initiative (KYI).

2La iniciativa se puso en marcha como respuesta a las indicaciones de los investigadores de la zona, que trabajaban en el ámbito de las vulnerabilidades y de la violencia de género en las localidades urbanas. Su investigación dio lugar a la elaboración de un Índice de Capacidad de Vulnerabilidades, que recogía elementos como activos económicos, la capacidad de obtener tarjetas de identidad nacionales o el estado en materia de naturalización para acceder a oportunidades económicas, al derecho a la educación o a la protección social.

La prima de Areeba, Ayesha, obtuvo un resultado preocupante en este índice: 77.  Previamente, este grupo había sugerido a través de su investigación que existía un enorme número de niños en las frágiles comunidades migrantes que no estaban alfabetizados. Sin apoyo, sus conclusiones indicaban que estaban condenados a matrimonios infantiles y a una vida con una serie de habilidades vitales limitada. El resultado final sería otra generación perdida al abandono y la violencia.

Los equipos de ITA visitaron las zonas costeras de Korangi para evaluar la situación y concluyeron rápidamente que era necesario adoptar medidas. Para ello, se estableció el centro de acogida: un espacio multipropósito abierto todo el día, en el que se llevan a cabo 2-3 sesiones con una duración de 2-3 horas. Varios grupos de niños acuden para lavarse, mirarse en el espejo, peinarse y sentarse en un “grupo de debate” para hablar sobre los logros que han conseguido el día anterior o durante la mañana. A continuación, participan en rutinas de lectura y aritmética, aprenden diferentes habilidades para su vida cotidiana, llevan a cabo actividades artísticas y practican deportes de interior.  Esta rutina se mantiene durante un periodo de 3-6 meses hasta que pueden matricularse en una escuela normal (privada de bajo coste o gubernamental).

En Akbar Shah Goth, situada en el Union Council Ibrahim Hyderi (Bin Qasim, Karachi), se identificó la cercana escuela de primaria gubernamental como lugar ideal para el centro de acogida y, con el apoyo de KYI, se habilitó el espacio y se acordó con el director que los estudiantes podrían acudir a esta. El director estaba encantado de ver cómo se reparaba y equipaba su escuela con elementos como una letrina funcional, un techo reforzado, agua potable, pizarras, muebles y docentes extra. Los 100 niños se incorporaron a la escuela principal: un lugar mucho mejor en el que se pudo restaurar su dignidad.  Asimismo, los padres también tuvieron la sensación de que esta era una escuela adecuada para los niños.

Areeba pudo aprender muchísimo y pasó con rapidez al tercer curso. De hecho, aprendió a leer frases e incluso una historia, así como a realizar sumas de dos dígitos. Y lo más importante de todo: aprendió a comunicarse con facilidad y seguridad. Al igual que ella, los niños de las comunidades de emigrantes locales han disfrutado de un gran número de experiencias enriquecedoras. Se han expuesto a experiencias creativas y experimentales que los han situado en una posición en la que pueden llevar a cabo procesos de reflexión tanto interna como externa mediante voces, vídeos, fotos y dibujos en diversos formatos. Han contado con espacio para hablar sin que un adulto les silencie y les diga lo que está bien o mal. Han visitado dos veces el Festival de Literatura Infantil (CLF), mostrando sus vídeos y pasándolo bien, al igual que otros niños, junto con sus increíbles facilitadores, que siempre han creado en ellos. Areeba y sus amigos son conscientes de aquello en lo que pueden convertirse si siguen aprendiendo.

En la actualidad, Areeba está en 5º curso y le preocupa mucho su futuro. Lamentablemente, la financiación para el proyecto y la escuela gubernamental se ha agotado, a pesar de todo el apoyo intensivo recibido. La planificación, los idiomas o las condiciones de existencia de los inmigrantes carecen de la planificación adecuada y escuelas como esta se convierten con rapidez en espacios precarios cuando no cuentan con la presencia y la atención de los mediadores.

A Areeba no quiere que le pase lo mismo que a su prima ni terminar cuidando de siete hijos. Ha desarrollado un sentido de orgullo sobre su lengua materna y ha perdido el miedo a mostrar su identidad. Lamentablemente, sigue preocupada, porque sus padres aún no disponen de un documento de identidad nacional. La realidad es que es una rohingya viviendo en los márgenes del sistema, al igual que sus antecesores en Myanmar. Su persecución no se ha detenido. Ha adoptado una forma diferente, pero sigue siendo muy real.

3La Ley de Restricción del Matrimonio Infantil se aprobó en 2013 en Sindh y eleva la edad de los niños de los 16 a los 18. Asimismo, La Ley de Educación Obligatoria y Gratuita para los Niños de Sindh del mismo año garantiza el derecho a la educación de los niños de 5 a 16 años. En el caso de Areeba y de muchos niños como ella, esta legislación territorial, así como otras convenciones internacionales, como la de los Derechos del Niño o el Estatuto de los Refugiados, son solo papel mojado. Se trata de una inmigrante rohingya de segunda generación indocumentada, que vive junto al mar y sus cambiantes arenas. Sus plegarias diarias siempre repiten lo mismo: “Oh, Alá: evita que sea inculta, quede indocumentada y resulte vulnerable: protégeme y permite que alcance todo mi potencial”.

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Baela Raza Jamil también es la directora de  ASER Pakistán y es miembro del Comité directivo de PAL Network.  Contacto de Baela Raza Jamil: itacec@gmail.com

Artículo publicado originalmente en el blog World Education